Los ojos del Diablo – Sonabia, Cantabria

Hay ocasiones en las que lees libros, revistas, navegas por la red, o simplemente eliges repetir una ruta que ya conoces, pero casi siempre acabas con buen sabor de boca cuando un amigo o compañero te recomienda un lugar que no conoces y decides hacerle caso. Así fue el fin de semana que fuimos a “los ojos del diablo”. Un magnifico lugar que comparte la visión de la costa y el disfrute de la montaña. Y por si necesitara de más alicientes, el lugar de la península donde encontrar la única colonia de buitres leonados y la que vive más cerca de la costa en toda Europa. Aún no has decidido visitarla?

Existen dos subidas para alcanzar este lugar, la elegida por nosotros es considerada la más fácil ya que como debe ser nos acompañan nuestros peques de 4 y 9 años y mi prima Raquel, un grupo perfecto. La principal diferencia entre ambas es que en una vamos a ascender a través de la montaña y en la complicada lo vamos a hacer paralelos a la costa, con un paso con cuerda un tanto expuesto. Esta ruta tiene una dificultad media con un desnivel pequeño, de unos 350 metros, aunque toca subir y bajar este desnivel dos veces, la montaña así lo elige.

Para comenzar esta ruta debemos ir en coche dirección Santander por la A8, coger la salida 160 de esta autopista dirección Sonabia y en este punto elegir la N-634 en dirección Santander. Apenas un kilometro después veremos un área de descanso a mano derecha donde podremos aparcar, aquí comienza la salida. Lo normal en un día de sol es encontrarnos el aparcamiento con senderistas que nos acompañarán, por lo que no recomiendo ir muy tarde o no tendréis sitio.

En este comienzo, nos encontraremos con un letrero que nos marca el código de colores que acompañará nuestros pasos.

Es una senda muy marcada por lo que no es fácil poder perderse, no obstante como siempre hacemos llevamos más agua de la que prevemos beber, algo de comida, tentempiés, sobre todo para los peques, y ropa de abrigo para la cima, donde nos soplará un viento bastante frío.

El comienzo del camino es ascendente, entre helechos y encinas hasta que se alcanza el primer collado, comenzamos aquí a descender toda la altura ganada. Para nuestro disgusto pasamos entre los restos del pinar que ha quedado después del incendio del 28 de Diciembre (2016) , aún huele a humo en la tierra y hay mucho tronco con cenizas que realmente nos encoge por dentro.

Al llegar al fondo del collado comienza una nueva ascensión, rodeando la Hoya de Tueros, un espectáculo precioso de diversos picos que con los pinos verdes debía ser aún más bonito. En este lugar comenzamos a ver algunos buitres sobrevolando nuestras cabezas.

Llegamos a un segundo collado y seguido a  la hoya de Falluengo, donde podemos ver hayas y encinas. Un nuevo cartel nos indica por dónde seguir y nos muestra lo que nuestros ojos están viendo con sus correspondientes nombres para nuestra información.

Tal y como indica el cartel estamos llegando a Monte Candina una cima que podríamos hacer pero elegimos volver otro día para disfrutar de nuevo del lugar. A partir de aquí el paisaje se vuelve más abrupto, la subida más escarpada y las rocas nos recuerdan al paisaje tan característico de los Picos de Europa.


Hacemos un alto en el camino, para que los peques descansen y coman unas galletas, a la altura a una antigua explotación minera. Veréis unos grandes agujeros rodeados de vegetación y unas construcciones derruidas que debían ser poleas para descender a ellas.

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Después de descansar comenzamos la última gran ascensión de hoy, en cuanto lleguemos arriba ya casi podremos oler el mar. El sendero parece perderse entre arbustos pequeños pero si os fijáis lo veréis sin problema y salirse de él tampoco nos dificulta el camino porque la cima de la peña a la que hay que llegar es visible. Al alcanzar esta cima veremos el letrero informativo que marca un desvío a la izquierda para llegar a la cima del Monte Candina, nosotros elegimos seguir a nuestro destino y lo hacemos comenzando a descender un poco más adelante. Cuando comienza el descenso que nos lleva a los ojos lo hacemos bordeando la hoya de Llanegro hasta que una nueva señal nos desvía a la derecha hacia un macizo rocoso en el que se deja entrever uno de los fantásticos ojos del diablo.

Hemos llegado!! Sólo nos queda disfrutarlo y luego la bajada claro, pero eso ahora no nos importa.

Estamos en el ojo más grande de los dos que son visibles desde la costa, podemos ver  la famosa formación que se adentra en el mar en Oriñón y que recibe el nombre de la ballena, también el pueblo de Sonabia y una gran superficie de prados que hace la estampa perfecta.

Con cuidado se puede ascender encima de él para sacar y disfrutar una fantástica panorámica en la que el mar contrasta con la montaña.

Para poder sacar los dos ojos tendremos que desplazarnos un poco a la derecha y enseguida seremos capaces de verlos.

Toca bajar, mañana vuelta al cole y al trabajo y cinco días para preparar la siguiente. La bajada por el mismo camino de subida hasta llegar al coche.

Silvia:
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